Byung-Chul Han nos muestra los males que aquejan a nuestra sociedad

Ayer asistí a la conferencia del filósofo surcoreano Byung-Chul Han en el CCCB de Barcelona, presentando su último libro y me quedé como nuevo. No tenía ni idea de quién era hasta que una buena colega me convenció para que le acompañase y os reconozco que fui con un cierto rictus de desconfianza. Me dijo que era un conocido crítico y analizador de la sociedad hiperconsumista y neoliberal que vivimos y que en sus libros aporta reflexiones interesantes que coinciden, algunas, con muchos de mis planteamientos de crítica social que le suelo verbalizar (castigar) en nuestras conversaciones de café o de gintonic.

Como aperitivo nos disertó sobre el deseo de autenticidad que embarga a la mayoría,  un deseo de querer ser distintos de los demás pero que a la postre nos fuerza a "producirnos a uno mismo", algo imposible, por lo que la autenticidad aporta solo "diferencias comercializables".

Habló también de la autoexplotación de la sociedad actual afirmando que nos explotamos a nosotros mismos bajo el convencimiento de que nos estamos realizando. "Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede, y si no se triunfa, es culpa suya" apostillando que "ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose"
Además, como bien dijo el filósofo, ahora ya no hay contra quien dirigir la revolución pues no encontramos a otros que nos repriman, somos nosotros mismos nuestros propios represores.

Pero en lo que me aporto más claridad fue cuando nos disertó sobre el big data, el dataísmo como le llamó. Somos un algoritmo, ya no somos un ser humano sino un dato. Y a pesar de la maldad de la vida en red no aboga por abandonar las redes sociales o por no compartir datos, proponiendo una carta digital que recupere la dignidad humana.
Un mundo que no pesa dijo. Y es cierto. Lo analógico pesa, lo digital es superfluo. Un cambio físico notable, porque los datos no pesan, el mundo online tampoco, como fue en su momento la electricidad pero que ahora lo es todo. Y si no podemos coger-sentir con nuestras manos, algo negativo nos está sucediendo.

Otra de sus perlas fue cuando al hablar de comunicación nos dijo que "las relaciones se han reemplazado por las conexiones" en una sociedad global que ha perdido la comunicación humana absorbida por la dictadura de los likes que solo tolera al igual y no al diferente. "Menos likes y más azadón" apostilló. La única alternativa posible es recuperar la comunicación con el otro, exponerse a su voz y a su pensamiento.
O cuando sostuvo que ser observado es el aspecto central de ser en el mundo en un claro síntoma de narcisismo enfermizo, narcisismo que incrementa la diferencia y el rechazo al otro envuelto en un consumismo implacable. Un narcisismo englobado dentro de un dañino conformismo radical.

También propuso la necesidad de un tiempo para no hacer nada, para estar parados, para salir temporalmente de la aceleración actual del sistema productivo o su confesión de no tener soluciones augurando que este sistema "implosionará"

El filósofo Byung-Chul Han

Porque quizás no podamos cambiar nada, quizás todo se solucionará con una "implosión del sistema" como pronostica Chul Han, pero es necesario al menos tener consciencia y libros como el suyo nos ayudan a ello en una sociedad muy diferente a la que relató Orwell en 1984 que era consciente de su dominación. El grave problema de hoy es "que no somos conscientes que estamos siendo dominados" en palabras de este gurú necesario.

Os recomiendo el libro que presentaba ayer y sobre el que giraban estas reflexiones: "La expulsión de lo distinto" de Editorial Herder.

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