31 de mayo de 2015

Chute sabatino de Mahler, Messi y The Strokes

Ayer sábado fue de esos días que guardaré en mi memoria. Lo imprevisible unido a lo sublime dan como resultado una cabeza a rebosar de refrescante serotonina, aunque las sacudidas también tienen su riesgo. Me explico: primera sorpresa al descubrir una hora antes del concierto, tras un inexcusable olvido,  que la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya, la OBC, cerraba la temporada esa tarde con la majestuosa novena de Gustav Mahler, despidiendo también a su director, Pablo González, tras un lustro al frente de la posiblemente mejor sinfónica de España.

Enmendado el olvido hacía el Auditori de Barcelona me encaminé, acompañado por mi buena amiga de les terres de Ponent, encendiendo a partir de ese momento una mascletà de sorpresas. La primera fue la huelga del personal de sala del Auditori, lo que significó que aún comprando la entrada más barata en el lugar más alejado del atril, pudimos sentarnos en una de las mejores butacas de la sala Pau Casals y cuyo precio multiplicaba por cinco el de la entrada comprada -esto no lo digáis muy alto-

La segunda sorpresa fue un inolvidable concierto. La OBC y Pablo González en su despedida, jugaban a lo seguro, pues la Sinfonía número 9 en Re menor roza la perfección sintetizando esa encrucijada vital y filosófica de Mahler en sus últimos suspiros vitales a principios del siglo pasado. El adiós de Mahler es su Novena en su culminación como creador, pero también significa el adiós a los valores del siglo XIX, a la perdida de esa inocencia que será machacada pocos años después con la primera de las Grandes Guerras.

La siguiente sorpresa fue con el cuarto movimiento de la Sinfonía, sorpresa porque sin yo ser de lagrima fácil, una caliente y húmeda gota resbaló por mi mejilla. Esto debe ser el síndrome de Stendhal, recuerdo que pensé algo azorado. El cuarto movimiento es donde Mahler manifiesta su adiós. No es un adiós amargo, como en el primer movimiento, o de nostalgia como en el segundo, o de protesta como en el tercero. Aquí el compositor nos traslada a su reino puramente espiritual. Es como si estuviera aceptando la muerte, incluso dándole la bienvenida. El movimiento es agridulce, intenso, apasionado, extraordinariamente bello y, cuando termina, lo hace con exquisita ternura.

Detalle del concierto capturado con mi móvil

                              Enlace concierto integro Sinfonía número 9 de Mahler


El sábado las sorpresas continuaron después con la excelente final de la Copa del Rey de fútbol, en la que Messi volvió a agotar la ristra de adjetivos, en el partido que será recordado por el himno más pitado de la historia reciente (el de los 120 decibelios) y con esa llamada, esperada desde el miércoles, del amiguete con influencias ofreciéndome el pase deseado para poder entrar en el Primavera Sound. Aunque el Primavera  agonizaba, estaba a tiempo de poder seguir a una de mis bandas fetiches, los neoyorquinos The Strokes.

He de confesar, con la mano en el corazón, que arribé a la explanada del Fórum sin las mejores condiciones de receptividad tras pasar por el filtro de Mahler primero y por el de Messi después. Dos sacudidas diametralmente opuestas que me habían imbuido un estado de bipolaridad afectiva.

Pero igualmente aprecié a unos Strokes desganados, a un Casablancas cansado quizás de otros bolos paralelos en el festival, quizás también de alguna juerga imprevista -es que Barcelona siempre te lía Julian-  pero es que esta banda es muy grande, tocan de putamadre incluso bostezando.Y a pesar de todo ello y a pesar de estar casi dónde habita el olvido en la megaexplanada a reventar del Fórum, por llegar tarde, he de reconocer que aún tenía fuerzas para ponerme a tono con muchos de los temas de estos admirados pijos del Lower East Side.

Lo dicho, un sábado que engrasó mis neurotransmisores con espectáculos opuestos y sin planificación previa, Porque el néctar de lo sublime puede estar en muchas partes, en la diversidad y en la espontaneidad. Solo tienes que caminar receptivo y sin prejuicios.

Aunque te llamen friki, en los tiempos que corren, es todo un honor.


The Strokes. Barcelona Primavera Sound 30-05-2015, concierto integro